Palpitaciones aceleradas, una opresión en el pecho, dificultad para respirar, mareos y una abrumadora sensación de que algo terrible está por suceder. Estos síntomas, que pueden ser aterradores, a menudo llevan a las personas a pensar inmediatamente en una emergencia cardíaca y a dirigirse a un servicio de urgencias.

Sin embargo, no siempre se trata de un infarto. Una experta en salud ha compartido claves importantes para poder distinguir entre un ataque de pánico y un evento cardiovascular, una distinción crucial que podría ahorrar tiempo valioso y reducir la ansiedad innecesaria.

La confusión es comprensible. Ambos escenarios pueden manifestarse con síntomas físicos intensos y similares. La sensación de falta de aire, el dolor o la molestia en el pecho, el sudor frío, el temblor y la sensación de irrealidad son comunes en ambos casos. La diferencia radica en la naturaleza y la progresión de estos síntomas, así como en las causas subyacentes.

Un ataque de pánico es un episodio de miedo intenso y repentino que desencadena reacciones físicas severas. Aunque no representa un peligro físico inmediato para la vida, sí genera un gran malestar y angustia. La persona puede sentir que pierde el control, que se está volviendo loca o que está a punto de morir, pero estos episodios suelen ser autolimitados, es decir, alcanzan un pico y luego disminuyen gradualmente.

En contraste, un infarto (ataque cardíaco) es una emergencia médica real que ocurre cuando el flujo de sangre al corazón se bloquea, lo que puede dañar o destruir parte del músculo cardíaco. Los síntomas de un infarto pueden variar, pero a menudo incluyen un dolor o presión intensa en el pecho que puede irradiarse hacia el brazo, la mandíbula o la espalda, acompañado de sudoración profusa, náuseas y fatiga extrema.

La clave para diferenciar, según los especialistas, a menudo reside en la duración y el tipo de dolor. Mientras que en un ataque de pánico el dolor en el pecho puede ser agudo y punzante, y la sensación de pánico es el síntoma dominante, en un infarto el dolor suele ser más opresivo, como una banda apretada alrededor del tórax, y puede persistir o empeorar con el tiempo, independientemente de la ansiedad.

Además, los ataques de pánico suelen estar desencadenados por factores estresantes, aunque a veces parecen surgir de la nada. La preocupación por la salud, el estrés laboral o personal, o incluso situaciones sociales pueden ser detonantes. Reconocer estos patrones en la vida personal puede ser una pista importante.

Ante la duda, siempre es mejor buscar atención médica profesional. Sin embargo, comprender estas distinciones puede ayudar a tomar decisiones más informadas en momentos de crisis y a buscar el tipo de ayuda adecuada, ya sea un apoyo psicológico para un ataque de pánico o atención médica de emergencia para un posible infarto.

Basado en información de ADN Radio.