Quito, 19 de enero del 2026
El aumento de residuos y la flota envejecida ponen en jaque la recolección de basura en Quito.
La capital del Ecuador atraviesa un escenario complejo en materia de gestión de residuos sólidos, marcado por el aumento sostenido en la generación de basura y el avanzado desgaste de los vehículos destinados a su recolección, factores que presionan la capacidad operativa del sistema municipal.
De acuerdo con información oficial, en Quito se producen cerca de 800 000 toneladas de residuos al año, lo que equivale a un promedio diario aproximado de 2 200 toneladas de desechos. Esta carga debe ser atendida por la Empresa Pública Metropolitana de Aseo (Emaseo), responsable de la recolección, transporte y disposición final de la basura en el Distrito Metropolitano.
Uno de los principales problemas identificados es el estado de la flota de camiones recolectores. De las 176 unidades disponibles, una parte significativa se encuentra próxima al fin de su vida útil, lo que ha provocado que alrededor del 20 % de los vehículos permanezcan fuera de servicio por fallas mecánicas o procesos de mantenimiento. Esta situación genera retrasos y obliga a reorganizar frecuentemente las rutas de recolección.
A ello se suma la polémica adquisición de seis camiones recolectores en 2024, cuya compra representó una inversión aproximada de USD 864 000. Informes técnicos posteriores evidenciaron que las unidades no cumplían con los requisitos establecidos en el contrato, presentando deficiencias como fugas de aceite, desgaste acelerado de frenos y problemas en el sistema de embrague. Ante estas irregularidades, Emaseo inició una acción legal por presunta estafa contra el proveedor.
En medio de este panorama, el Municipio de Quito impulsa proyectos estructurales para fortalecer la gestión integral de residuos. Entre las principales iniciativas consta la construcción de un nuevo complejo ambiental en terrenos ubicados frente al relleno sanitario El Inga. La primera fase contempla una inversión cercana a los USD 7,5 millones y se prevé que entre en funcionamiento en septiembre de 2026, ampliando la capacidad de disposición final.
Paralelamente, continúa el tratamiento de los lixiviados generados en el relleno sanitario mediante un sistema de 23 procesos técnicos, con el objetivo de minimizar los impactos ambientales antes de su descarga controlada en el río Intag.
Las autoridades municipales también insisten en la necesidad de fortalecer la recolección diferenciada, el reciclaje y la educación ciudadana, como medidas clave para reducir el volumen de residuos y avanzar hacia un modelo más sostenible de manejo de desechos en la capital.