La tranquilidad de la mañana en una concurrida zona residencial del Suburbio de Guayaquil se vio interrumpida por una alerta de seguridad de máxima gravedad. Pasadas las 10:00 a.m., vecinos reportaron la presencia de un artefacto sospechoso abandonado en la vía pública, cerca de un área de alta afluencia peatonal y vehicular. La rápida reacción de la Policía Nacional y la confirmación inicial de que se trataba de un explosivo de alta potencia, posiblemente un taco de pentolita, activó el protocolo de emergencia.
El despliegue de las fuerzas del orden fue inmediato. Unidades especializadas del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) y de la Unidad Antiexplosivos acudieron al sitio, acordonando varias manzanas para establecer un perímetro de seguridad estricto. La medida más urgente fue la evacuación preventiva de decenas de familias, así como el cierre temporal de pequeños negocios y una unidad educativa cercana. Testimonios recogidos en el lugar describen momentos de profundo pánico vecinal, una sensación que se ha vuelto recurrente en el contexto de la violencia urbana en Guayaquil.
Operación Exitosa y Vínculo con el Crimen Organizado
Gracias a la pericia de los técnicos del GIR, el dispositivo fue neutralizado de manera exitosa y controlada, evitando una tragedia. La desactivación del explosivo se realizó sin incidentes, confirmando que la amenaza era real, dada la capacidad destructiva de la pentolita. Este tipo de actos vandálicos y terroristas son característicos de las bandas criminales que operan en el puerto principal, y suelen estar ligados a los intentos de extorsiones en Guayaquil o a ajustes de cuentas entre grupos rivales.
La investigación se ha centrado en el análisis de las cámaras de seguridad. La Policía Judicial está realizando un barrido exhaustivo de todos los videos disponibles, tanto públicos como privados, en un intento por identificar a la persona o vehículo que abandonó el explosivo. La hipótesis es que el artefacto estaba destinado a intimidar a un comerciante local o a un residente que se habría negado a pagar las llamadas "vacunas". Este modus operandi busca sembrar el terror y presionar a las víctimas para que cedan a las exigencias extorsivas.
El Clamor por Seguridad Urgente
Este incidente no es aislado y subraya la necesidad urgente de fortalecer las estrategias de seguridad en Guayaquil. La ciudadanía exige al Gobierno que tome medidas más drásticas para combatir el uso de explosivos en zonas civiles. Líderes barriales han solicitado un incremento en el patrullaje policial, la instalación de más cámaras de vigilancia y una mayor coordinación entre la policía y la fiscalía para llevar a juicio a los responsables.
El Suburbio, al igual que otros sectores populares de la ciudad, se siente vulnerable. La proliferación de estos actos terroristas está afectando la vida económica y social de la comunidad. Los comerciantes temen abrir sus negocios y las familias viven con el miedo constante de que el próximo ataque ocurra en su propia calle. El Ministerio del Interior ha reiterado que estos actos son una respuesta a las operaciones de seguridad y ha llamado a la calma, pero el clamor en las calles es por resultados concretos. La seguridad vehicular y peatonal en Guayaquil depende de una respuesta efectiva que desarticule a las redes criminales que utilizan el terror como herramienta de coerción. La ciudadanía espera que la captura de los responsables de este atentado se dé a la brevedad posible.