El secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, solicitó una reflexión sobre los riesgos de la inteligencia artificial y reclamó una regulación internacional que priorice la dignidad y la libertad de las personas. Sus declaraciones se produjeron al margen de la conferencia Fe y Razón en la Era de la Inteligencia Artificial, celebrada en la Cámara de Diputados de Italia.

Al ser consultado por periodistas, Parolin afirmó que la inteligencia artificial es solo una cabeza y no tiene corazón. Sostuvo que es necesario analizar seriamente las consecuencias y los peligros potenciales de esta tecnología, así como las implicaciones de su creciente presencia en la vida cotidiana.

El cardenal consideró necesaria la participación de los Estados y de organismos internacionales en la elaboración de normas comunes. Advirtió que un fenómeno de alcance global no puede ser gestionado únicamente por países que actúen de manera individual.

Sobre la posibilidad de crear un organismo internacional dedicado a la IA, señaló que la Santa Sede busca principalmente plantear principios y criterios éticos, mientras que las soluciones concretas deberán acordarse entre los Estados y las instituciones involucradas.

En su intervención ante los diputados, Parolin afirmó que la IA no es ni buena ni mala en sí misma, pero advirtió sobre el riesgo de que termine condicionando las decisiones humanas. Según el cardenal, está en juego la defensa de la persona humana, su dignidad, su libertad y su propia identidad.

El secretario de Estado también se refirió a la guerra en Ucrania y aseguró que la Santa Sede continuará con su labor diplomática y humanitaria, pese a los resultados limitados. Defendió además la necesidad de mantener canales de comunicación con Rusia para facilitar un eventual alto el fuego, negociaciones y diálogo.