El cierre fiscal de 2025 dejó una señal clara sobre la compleja situación de las finanzas públicas del Ecuador. Pese a las medidas adoptadas por el Gobierno para incrementar los ingresos del Estado, el déficit fiscal terminó siendo mayor al esperado inicialmente, lo que reaviva el debate sobre la sostenibilidad económica, el gasto público y las perspectivas para 2026.
El déficit fiscal es uno de los principales indicadores para evaluar la salud económica de un país, ya que refleja la diferencia entre lo que el Estado recauda y lo que gasta. En el caso ecuatoriano, esta brecha volvió a ampliarse, generando preocupación entre analistas, autoridades y organismos multilaterales.
¿Qué es el déficit fiscal y por qué importa?
El déficit fiscal se produce cuando los gastos del Estado superan a sus ingresos en un período determinado, generalmente un año. Los ingresos provienen principalmente de impuestos, exportaciones petroleras y otros cobros, mientras que los gastos se destinan a salarios del sector público, pago de deuda, salud, educación, seguridad y obra pública.
Cuando existe un déficit, el Gobierno debe financiarlo recurriendo al endeudamiento interno o externo, al uso de reservas o, en algunos casos, al retraso de pagos a proveedores y gobiernos locales. Esto tiene efectos directos en la economía, ya que incrementa la carga de intereses y reduce el margen para nuevas inversiones públicas.
El déficit fiscal de Ecuador superó los 5 300 millones en 2025
Según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas, recopiladas por el Observatorio de la Política Fiscal, el déficit fiscal global de Ecuador cerró 2025 en 5 312 millones de dólares. Este monto representa un aumento significativo frente a los 3 107 millones registrados al finalizar 2024.
Aunque el resultado fue ligeramente menor a lo previsto en la Proforma Presupuestaria 2025, que estimaba un déficit de 5 625 millones de dólares, sí superó ampliamente la expectativa inicial del Gobierno. En junio de 2025, la ministra de Economía y Finanzas, Sariha Moya, había señalado que se esperaba cerrar el año con un déficit cercano a los 3 000 millones de dólares.
Un problema estructural que se arrastra por más de una década
El déficit fiscal no es un fenómeno nuevo en Ecuador. Desde hace más de diez años, el país mantiene desequilibrios persistentes entre ingresos y gastos, lo que ha obligado a un endeudamiento recurrente. Como consecuencia, el servicio de la deuda absorbe una porción cada vez mayor del presupuesto nacional.
Para 2026, el Estado deberá destinar más de 12 000 millones de dólares al pago de intereses y amortizaciones, lo que limita el espacio fiscal para atender prioridades como salud, educación, seguridad e infraestructura.
Más impuestos y eliminación de subsidios no lograron equilibrar las cuentas
Durante 2025, el Gobierno implementó medidas para fortalecer la recaudación. La más relevante fue el incremento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 12 % al 15 %, así como la eliminación del subsidio al diésel desde septiembre.
De acuerdo con el Servicio de Rentas Internas (SRI), hasta noviembre de 2025 la recaudación por IVA creció un 9,8 %, alcanzando los 10 034 millones de dólares. Además, se aplicaron tributos temporales como autorretenciones del impuesto a la renta, un impuesto temporal a las sociedades y transferencias extraordinarias del Banco Central y empresas públicas.
El subsidio al diésel y su impacto limitado
La eliminación del subsidio al diésel permitió que el Estado deje de destinar alrededor de 300 millones de dólares. Sin embargo, el Gobierno aclaró que estos recursos no representaron un ahorro neto, ya que fueron redistribuidos mediante bonos y compensaciones dirigidas a los sectores del transporte y agrícola.
Pese a estos ajustes, el desequilibrio fiscal se mantuvo. Mientras los ingresos totales del Estado crecieron apenas un 2,8 %, el gasto público aumentó un 11,2 %, ampliando aún más la brecha fiscal.
Perspectivas económicas y presión fiscal en 2026
Economistas advierten que los efectos reales de las medidas adoptadas en 2025 se reflejarán recién en 2026. No obstante, persisten cuestionamientos sobre el aumento del gasto durante el año electoral y la entrega de bonos con fines considerados clientelares, lo que habría agravado el déficit.
Para 2026, Ecuador enfrentará un escenario complejo, con escaso margen fiscal y fuentes de financiamiento limitadas. El país dependerá del apoyo de organismos multilaterales y de un eventual retorno a los mercados internacionales de bonos. Aunque el IVA del 15 % y la eliminación del subsidio al diésel podrían aliviar parcialmente las finanzas públicas, el desafío estructural sigue siendo reducir el gasto y mejorar la eficiencia del Estado.