NUEVA YORK – 7 de enero de 1943. En la penumbra de la habitación 3327 del Hotel New Yorker, un lugar que había sido su hogar durante la última década, ha sido hallado sin vida el cuerpo de Nikola Tesla. El hombre que domó la corriente alterna y soñó con un mundo conectado sin cables ha muerto a los 86 años, solo, sumido en la pobreza y rodeado de sus queridos pichones.
La noticia ha causado una profunda conmoción en los círculos científicos de Estados Unidos, aunque para muchos el nombre de Tesla ya se había convertido en una sombra del pasado, un genio excéntrico que pasó de ser la estrella de la ingeniería mundial a un ermitaño incomprendido.
Del brillo de las luces al silencio de la soledad
Nacido en la actual Croacia, Tesla llegó a América con una carta de recomendación y una mente capaz de visualizar maquinaria compleja sin necesidad de planos. Su gran triunfo fue la victoria en la "Guerra de las Corrientes" contra Thomas Edison, demostrando que la corriente alterna era el sistema más eficiente para electrificar ciudades enteras. Gracias a él, las Cataratas del Niágara se convirtieron en la primera gran central hidroeléctrica del mundo.
Sin embargo, sus visiones posteriores, como la Torre Wardenclyffe, un proyecto destinado a transmitir energía y comunicaciones de forma inalámbrica y gratuita a todo el planeta, fueron su ruina financiera. Los inversores, liderados por J.P. Morgan, le retiraron el apoyo al no encontrar una forma de "ponerle un contador" a la energía que viajaba por el aire.
El misterio de los "Rayos de la Muerte"
En los últimos años, Tesla se había vuelto cada vez más solitario y obsesivo. A menudo afirmaba haber diseñado un "Rayo de la Paz" (malinterpretado por la prensa como el Rayo de la Muerte), un arma defensiva tan potente que podría aniquilar ejércitos enteros a distancia y, por lo tanto, acabar con la guerra para siempre.
Con Estados Unidos sumergido en plena Segunda Guerra Mundial, la muerte de Tesla ha levantado sospechas inmediatas. Se informa que agentes del FBI, bajo la supervisión de la Oficina de Propiedad de Extranjeros, han confiscado todos sus documentos, cuadernos y planos técnicos del hotel. El gobierno teme que sus inventos secretos caigan en manos de las potencias del Eje, aunque oficialmente se ha declarado que su muerte fue por causas naturales debido a una trombosis coronaria.
Un legado que trasciende el tiempo
A pesar de morir en la indigencia, el legado de Tesla es omnipresente. Cada vez que una persona enciende una luz, utiliza un motor eléctrico o escucha la radio (cuyo sistema de transmisión él patentó antes que Marconi), está utilizando la mente de Tesla. Su obsesión por los números 3, 6 y 9, y su capacidad para "ver" el futuro tecnológico de la humanidad, lo elevan hoy a la categoría de profeta de la era moderna.
El alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, leerá un panegírico en la radio en los próximos días, recordando que "Tesla no ha muerto; su mente vive en los cimientos de nuestra civilización técnica". Sus cenizas, según se informa, serán enviadas eventualmente a su tierra natal, pero sus ideas se quedan aquí, alimentando cada voltio de progreso.